En tus manos

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Huyendo del miedo caí en tus brazos. La promesa de la felicidad mantuvo mi cuerpo quieto, a la espera. La fuerza de tus manos sobre mi espalda aseguró la estabilidad que veían lo otros.

La boca cerrada, mudo. Los ojos cerrados, ciego. La boca seca, los ojos también.

Mis manos atrás y las tuyas embisten mis ojos secos y cerrados. La boca se abre muda, grito sordo, sin eco.

La mirada fija en la nada. Apretás fuerte los dientes ganando fuerza al hacerlo, potenciando el golpe sobre la nada.

Un espacio de tiempo ciego, atacando si mirar, mordiendo con los ojos cerrados para protegerse. No ver la acción que en la calma se negará. La percepción del Otro es anulada y todo uno se lanza contra la idea que gobierna el pensar. Esa idea toma forma, la nada que los ojos duros y fijos miran se vuelve el objeto de descarga. La nada toma forma. Tiene brazos, dos piernas, cara, pene, nombre y apellido. La nada no se defiende. Llora en seco.

Con fuerza, con ganas, con odio, con todo. Las manos, las piernas, las rodillas y el cuerpo todo. Arriba, abajo, la pierna contra el zócalo y la espalada contra su pierna. Sus dedos entran en la carne y la sangre sale de ella. Gotas en el marco, gritos en el aire y ausencia de lágrimas. Todo negro, el lugar y el sentir negros, gris oscuro, rojo fuerte. Rojo, rojo, rojo y una pausa.

Un espacio oscuro entre el miedo y la escalera principal. El jadeo del cansancio y la fatiga de la huida. Una abrazo de perdón y el odio en la mirada. La promesa del cambio y una nueva apuesta.

La nada se pone de pie y abandonando a la bestia en el piso, avanza en busca de agua.

FT-08