24 de Marzo – Ideas de una época que no viví

“El poder de otro” – Tinta – 2006

Sin nombre

Sentía contra su muslo el frío del arma que lo rozaba. El contacto era intermitente, dependiendo de los movimientos del auto al andar. Frío. El mismo que da la tabla del inodoro en invierno, pensó. No lo soportaba, sentir ese rifle tocándolo. Rifle, o escopeta, o itaca, esa arma de mierda, grande y peligrosa que le daba frío.
La piernas juntas temblando, los pies resecos y el pito chiquito por el miedo.
La escena que vivía no podía oírla. Ruido sordo. Mudo él, y ellos.
Los sonidos que le llegaban eran de su casa revuelta. De sus cosas cayendo al piso, del perro ladrando y chillando por las patadas. Vidrios que estallan y papeles que son revisados muy por encima.
Los sonidos de una búsqueda sin ganas, sin buscar nada concreto. Sólo dejar la idea de que algo se buscó. Y se encontró. 68 kilos de carne en remera arriba y en bolas abajo.
Con los ojos pegados del dormir pero despierto y entendiendo todo lo que pasaba. Colaborando para evitar los malos tratos.
El ruido del hierro de la puerta contra el mármol de la pared lo despertó. No llegó a ubicar el lugar de donde venía, pero se sentó en la cama para seguir escuchando los segundos golpes. Llegaron después de los primeros ladridos del perro.
Suelas subiendo por sus escalones. Varios pares. Creyó poder contarlos y calculó seis. Eran cinco y eso poco importaba.
Sabía lo que pasaba y porqué.
Las puertas se abren violentamente y se escucha como avanzan a través de su casa de tres ambientes.
Levantó la vista y en su habitación había tres hombres enormes. Lo miraban.
Alguien le quitó el sonido al momento.
Intentó vestirse y no lo dejaron. Quedó en sus manos el slip que tenía puesto antes de dormirse.
Quedó en sus manos, más tarde le serviría para descargar su bronca al apretarlo.
Al sacarlo de su habitación, varias veces, las duras suelas de los zapatos pisaron sus pies por los costados. Sentía la presión sin dolor, como si lo pisado no fueran sus pies desnudos.
Dolerían después, después habría tiempo para el dolor, las preguntas y sus variantes.

-Te llevan, te sacan de donde estés y nadie se entera.

Al ser metido en el auto, vio los ojos de su vecina de enfrente registrando el momento. Como de costumbre, sus ojos verdes espiaban por entre las hendijas de la persiana.
A las pocas cuadras del viaje no estaba seguro de haberla visto o inventado. Si eran más fuertes las ganas de ser recordado o la esperanza que después mantendría esperando el actuar de una vecina denunciante.
Esa idea, en los tiempos muertos del después, perdería forma. Terminaría por creer que la vecina de ojos verdes sólo se animaría a comentar su desaparición con algún otro vecino de la cuadra. El hecho moriría después, como él.
Vieja de mierda, seguramente deformaría lo sucedido y el detalle más importante que recordaría sería las bolas al aire. Pensó en putearla al volver a verla. Y sin advertirlo, ya estaba pensando el volver.
La esperanza es lo último que se pierde, dicen. Dicen los que tienen muchos otros sustantivos para perder antes.
El culo flaco no sirve para sentarse en el piso. Clavarse los huesos de adentro para afuera. Que sensación extraña. Primero la presión, le sigue el hormigueo y al final pica. La carne dormida pica, la no circulación pica.
Saberse perdido, pensar en orientarse mientras tu cuerpo se oprime entre dos enormes hombres armados, es difícil.
El golpeteo del arma fría en la pierna, el dolor de las pisadas en los pies, el ardor por el  roce continuo con la piel de los alambres de la alfombra y el rebote del empedrado que golpeaba la columna contra el apoyabrazos flojo. Estructura de plástico, duro y texturizado, qué roto, corta la piel sobre las vértebras.
Tan roto y sin haber sido interrogado aún.
Piensa en las preguntas. Las respuestas son lo que más miedo le dan. Y la conformidad del que pregunta le ocupa el pensar.
Empedrado, adoquines, ni cinco minutos de viaje, aún están cerca de su casa. Piensa.

Despacio, con la velocidad de la impunidad, se dirigen a donde se dirigen. Como paseo en ciudad nueva. Donde se miran todos los detalles. Comparándolos con lo que se conoce de la propia. Recorriendo recagado en las patas con la cabeza escondida entre el mono de gris y el asiento que huele a cigarrillo y aceite.
“”¿pasamos Flores? ¿Dónde queda? Me gustaría poder preguntarles. No sé nada, tengo mucho miedo y no sé nada. Me da vergüenza que me vean el pito. Quiero a mi mamá.
Mi vieja vive para el otro lado. ¿Me llevan? ¿me van a largar?, ¿estoy preso? ¿es legal esto?”
No le contestan porque nada dice. Piensa en todo. Absolutamente todo lo que ha hecho, vivido, comido, oído y visto. Recuerda consejos vencidos, novias de dos semanas, Nadia, la plaza con los muchachos y la imprenta. Piensa en el frío, el dolor y el miedo. No los sufre, los piensa. Olvida que los sufre y piensa que el dolor, el miedo y el frío lo esperan con los cubiertos en las manos. Recuerda a todos y los extraña. Y a Nadia más. A veinte cuadras de su vida, extraña profundamente sus 27 años.

El coche se detuvo. El motor sigue encendido y bajan la ventanilla izquierda. A uno de los hombres de adelante, desde la calle, otro le preguntó sobre el espacio en el auto.

No puedo escuchar bien, este hijo de puta que juega con el cierre no me deja oir y el otro cerdo me mata con la tapita del cenicero.
“-¿Tenes lugar?, -Al rubio. -En Almagro”.

Ahora no hablan, seguro que vuelve porque no arrancó el auto.
Se me durmió la pierna. Me pica.

Se estira unos centímetros para rascarse. El mono/cerdo deja la tapa del cenicero y con fuerza y odio pisa su pie prohibiéndole el movimiento.
Sin sonido. Ni un “quieto”.

El hombre de la calle se acerca nuevamente. Ésta vez con una bolsa de residuos en la mano. Negra y repleta. Apoya las manos en la ventanilla baja y recorre con la vista el interior del auto.

(Conduce “el negro”, de acompañante “el turco” y atrás los nuevos. En medio de éstos un cuerpito que respira cortito. Que arremanga mocos y esconde la cabeza.)

-Tonces no tenés lugar. Haber si éstos dos pierden unos kilitos.
¿atrás tenés ocupado?
Ta bien. Deja. Terminá y mandáme al negro o a Mingo.

Golpea el techo del auto autorizando el arranque. “El Negro” vacila y desde afuera lo apuran. -Dale che!

“Arrancamos otra vez. Parar me perdió. No me ubico.
Sigue el empedrado.
¿dónde me llevan? ¿Almagro soy yo? Ojala,
así cuando me larguen me oriento mejor. ¿Almagro donde?”

-Te llevan, te sacan de donde estés y nadie quiere enterarse.

FT – 2006

Ideas de una época que no viví – Tintas 2006

Ánimo

Gritos sordos - Tinta sobre papel - 2001

Gritos sordos – Tinta sobre papel misionero - 2001


Ánimo

Ha llegado siempre tarde. Para evitar ofrecer sus disculpas aparenta enojos con personas que todos sabemos ficticias.

Fuma con torpeza. Los nervios le secan la boca y el filtro del cigarrillo se pega en sus labios y quema la piel entre sus dedos con la braza.

Insulta gritando.

Hoy a ella todo le sale mal.

Siempre a ella le sale todo mal.

Nadie intenta calmarla. Su paz surge de la indiferencia. De la posibilidad de ser horrible que le damos.

Mientras hace sus ejercicios vamos preparando las ideas para tener varios intentos. Empezaremos cuatro o cinco veces hasta que logremos estar juntos. No pedirá perdón por sus errores. No lo cree necesario.

La sexta vez que empezamos, es sus ojos ya había lágrimas. En la tercera y la quinta vez, también cometí errores, posteriores a los suyos.

En el descanso hizo un alto para hablar del compromiso, me miraba a mí.

Es una persona inmunda con una voz maravillosa.

Ánimo, todos mueren.

FT-09


Permiso.

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Permiso. Vengo por la entrevista. Me dijeron que pregunte por Ana.

Es la sexta vez que llego a éste lugar sin siquiera haberlo notado. Los pasos puedo escribirlos. Las sensaciones, las ideas, los proyectos, la futura calma y un bienestar incalculable.
Digo y pienso seis veces, tal vez sean veinte más.
Hoy comienzo a sospechar que jamás dejará de ser así. Quizás los demás vivan lo mismo. Y la vergüenza que yo tengo los silencie. Como me silencia a mí.
“Intentarlo” ya  no lo uso porque habla de no creer en mí, no darle el valor. “En lo mío”, “sí, siempre con lo mío”, “pintando. Y si, es algo nuevo”, “Y es difícil vivir del arte, sí, sí”, “sí, ya lo voy a pegar. Gracias, gracias”.
-cómo me gustaría decirte que tengo pánico de no lograrlo. Pero no te interesa. Me lo preguntas porque la única persona que te conoce en la fiesta fue al baño a drogarse y va a tardar. Es más, ya salió y está hablando con el flaco que se garchó hace dos años. No te interesa. A mí tampoco-

-Bueno, supongo que estar bien. Más trabajando de lo mío. Con un taller propio. Más independiente. ¿Me entendés?
-Totalmente. Hace mucho que pintas?
-No, no hace mucho. Dos años no más. Siempre fui más del dibujo

Trato siempre de creerme que será así, las ideas a las que llego son tan reales que las veo. Todo pensado hasta el detalle, veces pensado. Ya casi es pasado.
Los demás se involucran y nos acompañan en una parte del proceso. Al tiempo al verte consultan. Y siempre respondo lo mismo.
“Lo mío todo bien. Hay un par de puntas por ahí”
Inmediatamente después de esas preguntas y respuestas sumerjo mis labios en el vaso y observo mientras tomo, de izquierda a derecha el lugar y la gente que baila.
-El tapizado de las sillas del comedor es el mismo que el del sillón que teníamos en Mármol-

Puede que sea el fracaso mismo. ¿Se puede vivir fracasando y siendo conciente?

-Permiso.
-Sí, sí, servite. Están para eso.
-Que rico, praliné.
-cómo se me seca la boca en estas putas entrevistas-

Voy a salir muy tranquilo. Le gustó el trabajo, las ideas. Fue sincera. Te va a llamar. Y la propuesta del cierre también le va a gustar.
Pero no soy el hermano del novio de la hermana de Ana, y por más que sea mejor mi curricilum él la conoce y ella no puede decirle que no a los de su familia. Trabaja en terapia en tema de su familia, pero le faltan varias sesiones para superarlo.

Quedo fuera, no me llama.
Porque nunca tengo el contacto adecuando.
Es la sexta vez, se ha vuelto rutina. Hasta puedo comenzar a agendarlo.

18 DE ENERO
FRACASO 15.30 HS
VIDT Y SANTA FE

Se acerca con cara de buena persona. Sus hermosos dientes acompañan a la boca rubia para decir:
“¿Cómo andás? y?, contáme. ¿lo tuyo? ¿tas laburando?

-Uy, y esa manito?, mmm éste se la re come-
Aún tengo los labios en el baso.

FT – 09

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En tus manos

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Huyendo del miedo caí en tus brazos. La promesa de la felicidad mantuvo mi cuerpo quieto, a la espera. La fuerza de tus manos sobre mi espalda aseguró la estabilidad que veían lo otros.

La boca cerrada, mudo. Los ojos cerrados, ciego. La boca seca, los ojos también.

Mis manos atrás y las tuyas embisten mis ojos secos y cerrados. La boca se abre muda, grito sordo, sin eco.

La mirada fija en la nada. Apretás fuerte los dientes ganando fuerza al hacerlo, potenciando el golpe sobre la nada.

Un espacio de tiempo ciego, atacando si mirar, mordiendo con los ojos cerrados para protegerse. No ver la acción que en la calma se negará. La percepción del Otro es anulada y todo uno se lanza contra la idea que gobierna el pensar. Esa idea toma forma, la nada que los ojos duros y fijos miran se vuelve el objeto de descarga. La nada toma forma. Tiene brazos, dos piernas, cara, pene, nombre y apellido. La nada no se defiende. Llora en seco.

Con fuerza, con ganas, con odio, con todo. Las manos, las piernas, las rodillas y el cuerpo todo. Arriba, abajo, la pierna contra el zócalo y la espalada contra su pierna. Sus dedos entran en la carne y la sangre sale de ella. Gotas en el marco, gritos en el aire y ausencia de lágrimas. Todo negro, el lugar y el sentir negros, gris oscuro, rojo fuerte. Rojo, rojo, rojo y una pausa.

Un espacio oscuro entre el miedo y la escalera principal. El jadeo del cansancio y la fatiga de la huida. Una abrazo de perdón y el odio en la mirada. La promesa del cambio y una nueva apuesta.

La nada se pone de pie y abandonando a la bestia en el piso, avanza en busca de agua.

FT-08